jueves, 23 de agosto de 2007

Metamorfosis

Hoy me remitiré a publicar una poesía que escribí para alguien hace mucho tiempo, que se la envié pero jamás hubo una respuesta sobre la misma...

Metamorfosis

Cálido refrán sin salida
Costura defectuosa,
Brusca cara desfigurada.

Tuyas tus manos ásperas,
Míos besos sin fuego
¿Qué nos pasó?

Acusar tu ausencia
Te da presencia.

Vuelve…
No me abandones,
En este camino suntuoso
Lleno de sorpresas y tristezas.

Acompáñame a volar,
A sentir y a decir
Te quiero sin pensarlo.

Búscame entre la sombra.
Tócame de espaldas,
Al océano de mis sueños.

Tierna metamorfosis
Apodérate de mí…

lunes, 20 de agosto de 2007

Mail

Hoy me di cuenta, que las cosas nunca son como una/o en realidad querría que fueran. Recibí algo que me hizo cambiar la perspectiva de todo. Palabras que en absurda sintonía no decían absolutamente nada. Es raro cuando las palabras simples hieren con tanta facilidad. Diría que lo que lastima no son las mismas, sino quien las recita… Esa subjetividad sublime, encanto de mariposa guerrera, que aborda al ser humano en carne propia. Me siento como una pluma que vuela con el viento, baila por las nubes, y se llena de momentos… ¿Es triste, es alegre, es amargo, es dulce? Ahí es cuando atribuyo el únicamente existe. ¿Quien sos ahora Condesa..?

jueves, 16 de agosto de 2007

Martha

M.

Un asalto a mis afectos,
Se presenta espontáneo.

Tendida sobre el suelo
Yace la niña eterna,
Con su camisón rosado,
Su cuerpo desarticulado,
Sobre el espacio.
Sus ojos azulados perdidos,
En el abismo.
Sus cabellos acurrucados,
Entre cuello y hombros.

Esa figura solitaria posada entre baldosas,
Ese rostro formando de sombras y silencio,
Esa ausencia de sangre externa,
Hablan de un destino incierto.

Aunque las campanas de tus risas,
Suenen a la distancia,
Siempre habrá alguien,
que sabrá recordarte…y esa…seré yo.

miércoles, 15 de agosto de 2007

La Virgen de Hierro

Había en Nüremberg un famoso autómata llamado la "Virgen de Hierro". La condesa Báthory adquirió una réplica para la sala de torturas de su castillo de Csejthe. Esta dama metálica era del tamaño y del color de la criatura humana. Desnuda, maquillada, enjoyada, con rubios cabellos que llegaban al suelo, un mecanismo permitía que sus labios se abrieran en una sonrisa, que los ojos se movieran. La condesa, sentada en su trono, contempla. Para que la "Virgen" entre en acción es preciso tocar algunas piedras preciosas de su collar. Responde inmediantamente con horribles sonidos mecánicos y muy lentamente alza los blancos brazos para que se cierren en perfecto abrazo sobre lo que esté cerca de ella --en este caso una muchacha. La autómata la abraza y ya nadie podrá desanudar el cuerpo vivo del cuerpo de hierro, ambos iguales en belleza. De pronto, los senos maquillados de la dama de hierro se abren y aparecen cinco puñales que atraviesan a su viviente compañera de largos cabellos sueltos como los suyos. Ya consumado el sacrificio, se toca otra piedra del collar: los brazos caen, la sonrisa se cierra así como los ojos, y la asesina vuelve a ser la "Virgen" inmóvil en su féretro.

(Alejandra Pizarnik, de La condesa sangrienta, 1971)